Texto leído durante la presentación de “Rita Guerrero: El canto de la Sibila”, en la Universidad del Claustro de Sor Juana

Fotografía: Alejandro Senker, Director de Librería El Ermitaño.

Rita, la sibila

“Los muros del Claustro transpiran pasión”. Eso decíamos hace algunos años quienes cursábamos estudios universitarios en este recinto privilegiado. Y precisamente en esa pasión que anima, sacude, provoca y lo ilumina todo, es en lo que pienso al leer el libro que presenta esta noche Aura Sabina, poeta y estudiosa de la literatura; el volumen se titula Rita Guerrero: el canto de la Sibila (México: Ediciones El Ermitaño, 2016).

El libro está formado por una entrevista con Rita Guerrero y veintiséis testimonios sobre ella, generosamente aportados por familiares, amistades, amores y colegas. Se trata, pues, de un retrato coral mediante el cual atisbamos algo del periplo de Rita Guerrero Huerta, esa mujer que llegó a la Ciudad de México, procedente de Guadalajara, con la intención de estudiar teatro, con la intención de cultivar su pasión por el arte.

A lo largo de las entrevistas se nos va develando el perfil de la protagonista: mosaico, rompecabezas, cuadro cubista, su imagen se matiza, se colorea y amplía con cada testimonio. En las palabras de quienes la conocieron gravita la niña consentida de una familia jalisciense numerosa, la adolescente que cantaba en el coro escolar y se involucraba con causas sociales, la muchacha que probó el teatro y la música tempranamente y se fue de la casa materna en pos de eso, la alumna de la Universidad Nacional comprometida con los movimientos estudiantiles, la mujer enamoradiza guardada con fruición en la memoria de quienes también la amaron, la líder de un grupo musical underground, la tenaz divulgadora de música antigua, la exigente directora de un coro universitario.

Claro está que las charlas con esas personas que la conocieron nos dicen mucho sobre ellas. El recorrido biográfico de la protagonista nos depara información sobre el grupo Santa Sabina y su propia historia, sobre la familia Guerrero Huerta, sobre la bulliciosa escena artística chilanga de la década de 1990, sobre la convulsa vida política de aquellos años en el país, y sobre la forma como las y los jóvenes se involucraron con la protesta social.

Pero Rita deambula en todas entrevistas; a veces cariñosa, a veces temperamental, o noble y cálida, rigurosa y comprometida. Quienes convivieron con ella la recuerdan con afecto, pero éste no equivale a la simpatía usual cuando se habla de alguien que ya no está entre nosotros. No, sus apóstoles hablan de ella conmovidos, afectuosos; incluso cuando narran episodios donde privó el distanciamiento, se muestran capaces de darle a esa separación un sentido ventajoso y simbólico.

Por cosas como ésa, me parece tan acertado el subtítulo que la poeta Aura Sabina eligió para el libro: “el canto de la Sibila”. Una sibila, en la mitología griega, era una mujer con el don de la profecía. Rita Guerrero parece haber sido eso para los suyos: una profeta que los guió de muchas formas: haciéndolos conscientes de su finitud, moviéndolos a cumplir sus objetivos personales, laborales o académicos, acompañándolos en momentos de debilidad y de gozo; contagiándolos, en suma, de su ímpetu vital. “Esto es estar viva”, parece haberles dicho: “estar viva es arriesgarse, es deleitarse, es saborear el mundo y todo lo que nos depara”.

Después de leer el libro, una no puede ver con los mismos ojos los videos de Rita en Santa Sabina, Ensamble Galileo o al frente del coro de la Universidad del Claustro de Sor Juana. De la admiración por la figura pública, una pasa a experimentar cierta fraternidad, una ternura cálida, un respeto profundo por esa persona que se dio permiso para alcanzar sus propósitos, por idealistas o lejanos que parecieran.

Cuando se conoce algo del complicado contexto familiar donde surgió su vocación histriónica y musical, se ve a la cantante como el resultado de una voluntad indómita. Cuando se sabe algo sobre su interés en amparar a los oprimidos durante un movimiento estudiantil o en la selva chiapaneca, se comprende por qué no se dejó devorar por las grandes empresas televisivas y por las disqueras, aunque eso la marginara de la difusión que merecía. Cuando se percibe algo del cariño con el cual envolvió a su gente brindándole un espacio para vivir, un sustento o consejos, se intuye la hondura de su entrega a los proyectos artísticos que suscribió.

Estamos, pues, ante un libro de entrevistas mediante las cuales la autora despliega su capacidad para rodear el perfil de la cantante, de la actriz, de la activista social, pero también de la hermana, hija, novia, colega, amiga y madre. Si se busca en estas páginas a la cantante famosa, se hallará, en efecto; pero tengo para mí que lo más entrañable de Rita Guerrero: el canto de la Sibilia, es la mujer común y corriente que Aura Sabina nos permite vislumbrar detrás del recuerdo de quienes aceptaron hablarle sobre Rita, confesarle lo que sintieron por y con ella. Una mujer que se amó tanto que, a diferencia de mucha gente, no dudó en obsequiarse una vida plena.

Esta noche estamos aquí para presentar un libro que constituye un tributo a esa mujer cuyos pasos firmes, decididos, resonaron una vez en este recinto. “Los muros del Claustro transpiran pasión”, afirmo otra vez, con la convicción de que el impulso raigal que emana de este espacio nos devuelve de Rita una imagen tan poderosa como delicada, tan admirable como enternecedora. Nos queda eso y su música, nos quedan sus palabras y las palabras que supo inspirar en otros, en otras.

Leticia Romero Chumacero

En la Universidad del Claustro de Sor Juana

26 de mayo de 2017.

Reseña de la presentación: http://www.mujeresnet.info/2017/05/presentan–libro-sobre-rita-guerrero.html

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Leticia Romero Chumacero, Aura Sabina y Layla Sánchez Kuri. Foto: cortesía de Aura Sabina.